Versión cinematográfica de “Peribáñez y el Comendador de Ocaña”

En esta adaptación, se sigue muy fielmente el texto, excepto en las escenas iniciales y en la intercalación de un “narrador”. Te será muy útil para comprender el ámbito, la época y conocer el argumento completo de la famosa obra de Félix Lope de Vega que estamos estudiando.

Juan Gelman

Nacido en Buenos Aires, Argentina, el 03 de mayo de 1930. Fue el único hijo nacido en argentina de una familia de inmigrantes judios-ucranianos. Su padre, quien participo en la revolución rusa, decepcionado por el giro que esta toma decide que es hora de emigrar y es así como nuestro poeta nace lejos de la tierra de sus padres.
Desde muy niño demuestra curiosidad por la palabra, sobretodo en su forma hablada. Una oralidad que podemos encontrar en toda su obra. “yo no le entendía nada, pero me llamaba la atención como sonaba” nos dice refiriéndose al recuerdo de una lectura de versos de Pushkin que escuchara en ruso de su hermano mayor.

En 1948 entra a estudiar química a la universidad de Buenos Aires, pero rápidamente se da cuenta que lo suyo es la poesía, por lo que abandona esa carrera para dedicarse a la poesía.

En 1956 publica su primer libro, Violín y otras cuestiones. Libro de poemas que tuvo buena aceptación y que incluía una presentación del poeta Gonzalez Tuñon.

El golpe militar de 1976 lo encuentra en el extranjero donde había sido enviado por la agrupación de izquierda Montoneros para dar a conocer las violaciones a los derechos humanos que ocurrían en la Argentina de Isabel Perón. Hecho que, sin embargo, no lo libra de ser una de las miles de victima de las atrocidades cometidas por Junta Militar que dictaba el destino de Argentina, ya que el 26 de Agosto de ese año secuestran desde su casa a dos de sus hijos -Nora y Marcelo de 19 y 20 años respectivamente- y a su nuera Claudia de 19 años, quien se encontraba embarazada de 7 meses. Nora es liberada días mas tarde, pero Marcelo y Claudia formaron parte de los 30.000 detenidos desaparecidos que dejó el régimen de terror de la Junta Militar. 14 años después es hallado, en el río San Fernando, un cuerpo dentro de un tambor de aceite relleno con cemento y con un tiro en la nuca, es el cuerpo de su hijo Marcelo. De su nuera Claudia se supo que fue llevada a Montevideo, donde se la dejó tener a su Bebé -la que fue regalada- pero jamás se encontraron sus restos. Su nieta fue encontrada el año 2000 en Montevideo.

Durante su exilio muere su madre a quien le escribirá su poema Carta a mi Madre.

El año 2007 es merecedor del premio Cervantes -premio que podría compararse con el novel para las letras en castellano-, pero Gelman insiste en que el mayor premio que le hayan dado es el que le brindo el club del que es hincha, Atlanta, nombrando su biblioteca con el nombre del poeta.

Hoy en día reside en Mexico junto a su esposa Mara.

Publicaciones:

Poesía
* Violín y otras cuestiones (1956)
* El juego en que andamos (1959)
* Velorio del solo (1961)
* Gotán (1962)
* Cólera buey (1964)
* Traducciones III. Los poemas de Sydney West (1969)
* Fábulas (1971)
* Relaciones (1973)
* Hechos y relaciones (1980)
* Si dulcemente (1980)
* Citas y Comentarios (1982)
* Hacia el Sur (1982)
* Com/posiciones (1986)
* Interrupciones I (1986)
* Interrupciones II (1988)
* Anunciaciones (1988)
* Carta a mi madre (1989)
* Salarios del impío (1993)
* Dibaxu (1994)
* Incompletamente (1997)
* Valer la pena (2001)
* País que fue será (2004)
* Mundar (2007)

Antologías poéticas

* Poemas, Casa de las Américas, La Habana, 1960. (Al cuidado de Mario Benedetti y Jorge Timossi)
* Obra poética, Corregidor, Buenos Aires, 1975.
* Poesía, Casa de las Américas, La Habana, 1985. (Prólogo y selección de Víctor Casaus)
* Antología poética, Vintén, Montevideo, (1993). (Selección, prólogo y bibliografía completa de Lilián Uribe)
* Antología personal, Desde la Gente, Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos Aires, 1993.
* En abierta oscuridad, Siglo XXI, México, 1993.
* Antología poética, Espasa Calpe, Buenos Aires, 1994. (Selección y prólogo de Jorge Fondebrider)
* De palabra (1971-1987). Prólogo de Julio Cortázar, Visor, Madrid, 1994.
* Oficio Ardiente (2005), Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca.

Prosa

* Prosa de prensa, Ediciones B, España, 1997.
* Ni el flaco perdón de Dios/Hijos de desaparecidos (En coautoría con Mara La Madrid), Planeta, Buenos Aires, 1997.
* Nueva prosa de prensa, Ediciones B Argentina, Buenos Aires, 1999.
* Miradas, Seix Barral, Buenos Aires 2005.

Algunos Premios

* Premio Internacional Mondello de Poesía, 1980
* Premio Boris Vian, 1986
* Premio Nacional de Poesía (Argentina), 1997
* Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, 2000
* Homenaje en la Sala Ponce de Bellas Artes de México con motivo de sus 70 años de existencia, 2000
* Huesped Ilustre de Montevideo, 2000
* Doctor honoris causa (Universidad Nacional de San Martín, Argentina), 2001
* Premio de Poesía José Lezama Lima de la Casa de las Américas Cubana, Pesar todo, 2003
* Premio Nacional de las Letras Teresa de Ávila, 2004
* Premio Iberoamericano Ramón López Velarde, 2004
* Premio de la Feria del Libro de Buenos Aires, País que fue será, 2005
* Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, 2005
* Premio de Poesía Pablo Neruda, 2005
* Embabajador Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, 2006
* Medalla Isidro Fabela de la UNAM, 2006
* Ciudadano de Honor de Cartagena de Indias, 2007
* Premio Miguel de Cervantes (España), 2007

Poemas

Oración de un desocupado 

Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
por que no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, qué han hecho
de tu criatura, Padre?
un animal furioso
que mastica la piedra de la calle?

de “Violín y otras cuestiones”

Arte poética

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,

como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del, alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.

A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.

Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte

María la sirvienta
Se llamaba María todo el tiempo de sus 17 años,
era capaz de tener alma y sonreír con pajaritos,
pero lo importante fue que en la valija le encontraron
un niño muerto de tres días envuelto en diarios de la casa.

Qué manera era esa de pecar de pecar,
decían las señoras acostumbradas a la discreción
y en señal de horror levantaban las cejas
con un breve vuelo no desprovisto de encanto.

Los señores meditaron rápidamente sobre los peligros
de la prostitución o de la falta de prostitución,
rememoraban sus hazañas con chiruzas diversas
y decían severos: desde luego querida.

En la comisaría fueron decentes con ella,
sólo la manosearon de sargento para arriba,
pero María se ocupaba de soñar,
los pajaritos se le despintaron bajo la lluvia de lágrimas.

Había mucha gente desagradada con María
por su manera de empaquetar los resultados del amor
y opinaban que la cárcel le devolvería la decencia
o por lo menos francamente la haría menos bruta.

Aquella noche las señoras y señores se perfumaban
con ardor
pero el niño que decía la verdad,
por el niño que era puro,
por el que era tierno,
por el bueno, en fin,
por todos los niños muertos que cargaban en las valijas
del alma
y empezaron a heder súbitamente
mientras la gran ciudad cerraba sus ventanas.

El boliche “El resorte” y los personajes de JUCECA

Hace unas décadas, boliche significaba:  “lugar de copas y naipes”, “Establecimiento comercial de poca importancia, que especialmente se dedica al despacho y consumo de bebidas y comestibles”v “Negocio con mostrador, donde se venden bebidas ordinarias y vulgares”.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de los boliches de antes? Nos referimos a un modo de vida. Al lugar donde se socializaba. Un ámbito netamente masculino, en un sociedad conservadora, con roles perfectamente delimitados entre el hombre y la mujer. A esta le cabía el de ama de casa o el de hija y si se preciaba de ser decente, su presencia en el boliche solo se justificaba para ir a buscar a su pareja o a su padre. Diferente ocurría con el varón joven, pues su asistencia al boliche estaba permitida y avalada por el aprendizaje –discutible o no- que implicaba su estancia allí.

El boliche era, por lo tanto, el lugar de encuentro de amigos para pasar un rato hablando, jugando a las cartas o “tomarse una”. Allí se reunía “la barra” o simplemente se entraba de pasada. Los temas sobre los que se hablaban eran variados: el barrio y su gente, mujeres, política, fútbol, el amor, la vida y afines. En el boliche no había jerarquías, se oía a todos y todos recibían la misma atención de los demás. El mostrador aunaba e igualaba a esas personas. Así, el boliche se transforma en un ámbito democrático. La copa, sin entrar en el alcoholismo, es un rito en ese lugar, al igual que el mate.

A lo largo del día el boliche recibía diferentes clientes. Cada uno “paraba”, generalmente a la misma hora, aunque no lo hiciera todos los días. Estaban aquellos que en horas de trabajo se daban una vueltita para tomarse una y seguir y los que terminada su actividad, buscaban el momento de distensión. Así el lugar se puebla de una fauna muy particular, donde algunos se transforman en arquetipos de los asistentes al boliche. No podemos olvidar al bolichero, el dueño del lugar. Estaba el que se quedaba atrás del mostrador controlando y manejando la caja  y aquel otro que dejaba el mostrador para mezclarse con sus clientes, sabía  lo que consumían, compartía conversaciones y  juegos.

Pero ese ambiente despierta también nostalgias, porque ese momento de felicidad, de intercambio entre amigos es un tiempo fuera del tiempo. Ese mundo  desaparece al cruzar la puerta, al salir a la realidad y eso ocasiona tristeza. Y cuando ese ambiente se pierde totalmente con el paso del tiempo real, surge la melancolía.

Creo que la mejor forma de definir al boliche, de traerlo a nuestro presente es a través de autores que lo han tomado como tema de su creación. Una aclaración, si bien en Buenos Aires predominaba “el cafetín” y “la taberna”, podemos traer a colación versos tangueros que hacen referencia a ellos, pero que bien pueden aplicarse al boliche.

El boliche uruguayo se inmortalizó a través de Juceca -Julio César Castro –, con humor e ironía. El boliche “El resorte” nace con Don Verídico en  1962, como libretos de radio. Indudablemente, Juceca ha continuado la vertiente de lo que podríamos denominar “narrativa oral”, cultivada por Francisco (Paco) Espínola, José María Obaldía y Juan Capagorry.

Entre los elementos vitales que deben estar en un cuento además de la trama y los personajes, es el punto de vista del  cuentista o “cuentero”. Ahí aparece Don Verídico.  Salvador Puig dice al respecto:  “…no hay que olvidar que en todo tiempo y lugar el autor de los cuentos es ese viejo zafado, ingenuo, contumaz, mentiroso y en ocasiones metafísico”.

Juceca crea a Don Verídico como su alter ego, para poder hablar a través de él. El nombre que le elige, acompañado de “Don”, un tratamiento de respeto en el medio rural, parece querer reafirmar la veracidad de los absurdos que contienen sus historias. Su nombre se contrapone a su actitud, lo presenta  paradójicamente, pues es un viejo mentiroso, todo lo que dice es exactamente opuesto a lo que en general se considera verdadero.

Los cuentos, en cada cultura, tienen como objetivo: enseñar, explicar o simplemente  entretener,  son parte de la tradición oral.  La tradición surge de lo popular. Pero en la obra de Juceca  es él mismo quien crea la tradición, una tradición “con disparates y exageraciones, pero sin héroes ni grandes leyendas”.

Esta tradición jucequeana, es producto de dos cualidades de este autor: por un lado su observación aguda de la realidad y por otro, su nutrida imaginación que recrea un universo de fantasías. Indudablemente, ha tomado elementos de la realidad, pero los ha puesto al servicio de su imaginación. Ha creado una tradición y un estilo.

El resorte: ¿un boliche como tantos?

A esta pregunta respondería que sí y que no. Si bien tiene características de Pulpería, de boliche rural, “El resorte” tiene puntos de contacto con el boliche tradicional, por ejemplo: tiene sus “habitués”. Este boliche tan singular, reaparece en cada cuento con su “elenco estable”-como lo llama su autor- El Tape Olmedo, La Duvija,  el Pardo Santiago, Azulejo Verdoso, Rosadito Verdoso, a los que se suman otros personajes ocasionales con nombres tan insólitos como hilarantes. No nos olvidemos del barcino.

¡¿Qué boliche no tiene gato?! Este animal llega a adquirir en algunos cuentos características humanas.

Todos estos personajes conviven en “El resorte”, pero no disputan el papel protagónico, pues todos son protagonistas.

Otra coincidencia que lo inserta en esa realidad conocida de los boliches y a la que nos referíamos anteriormente es la bebida. “Boliche sin bebida no tengo visto” y ella está muy presente en el vino y la caña que consumen los personajes.

Si bien “El resorte” tiene cosas que lo asemejan a los boliches tradicionales, se separa de ellos en

algunos aspectos. En primer término la presencia de la mujer, a través de La Duvija. El ingreso de lo femenino en un ámbito netamente masculino. No existen por parte de autor o del lector cuestionamientos morales con respecto a ella. La más fiel caracterización de este personaje la hace su creador: “buena amiga, muy buena compañera, toma copas, es muy solidaria, siempre está ahí. Y por lo general se enamora del forastero.[…] Ella  es la mujer solidaria, pero al mismo tiempo enamoradiza”

Es ella, en la mayoría de los casos, quien incita a través de una pregunta al recién llegado para que cuente su problema con la intención de ayudar. En segundo término, la otra diferencia se produce por la ausencia de bolichero. Nadie en especial atiende el bar, cualquiera de los que conforman “el elenco estable” dentro de ese boliche acerca las copas, pica el fiambre.  No hay una caja registradora, no hay quien cobre, tampoco quien pague. Los personajes consumen en una suerte de lugar mágico, donde todo ya está desde antes y si algo se acaba, por ejemplo el vino, serán los propios personajes quienes se encarguen de reponerlo.

“El resorte”, como lo define su propio creador “Es un boliche medio fantasmal porque no tiene ubicación geográfica permanente. Yo nunca supe si está en la orilla del pueblo, en medio del campo o en el pueblo mismo.”

Esta ausencia de ubicación espacial y temporal precisa, universaliza a este boliche. El Resorte es un boliche que surge de la imaginación de Juceca, para su creación se ha basado en su conocimiento de la realidad: “yo mismo -dice Juceca- soy un tipo de mostrador”.

“El resorte”, pero a su vez tiene un poco de todos los boliches del interior y también de ese Montevideo de los 60 y 70. Tiene el mostrador, los tipos humanos que lo pueblan, en fin, es el espacio, donde se resuelven todos los problemas con la sabiduría de boliche.

Algo más lo acerca a lo tradicional. Es que “El resorte” a pesar de no tener una ubicación física concreta, está allí. Será el lugar de referencia para los otros personajes cuando: precisen algo, tengan que resolver un asunto o simplemente recibir un consejo, aunque este sea disparatado y absurdo. Impera la igualdad y la solidaridad, más allá de la broma. Todos opinan y todos son escuchados. El ámbito democrático se instala desde el mostrador, símbolo esencial, que se transforma en “un murallón, donde van a atracar las naves”.

Su autor lo define como un boliche triste, donde nunca ocurre nada y esto en cierta forma es verdad, es como si el tiempo en ese espacio se repitiera monótonamente, la rutina pueblerina pesa sobre estos personajes. Nada acontece allí adentro. No hay mucho para hacer, el aburrimiento de los personajes se transmite a través de sus haceres: el Tape Olmedo saca punta a un palito o friega un corcho contra la botella, la Duvija acaricia al barcino, este se despereza o duerme en la punta del mostrador y el Pardo Santiago mira el vaso de vino con un ojo cerrado.  Sin embargo, ese tiempo que parece detenido en su misma reiteración dentro del boliche, se pone en marcha por la intempestiva presencia de alguien que busca protección o consejo en el boliche. La complicación, la acción entra de afuera, aparece el desconocido que los va a sacudir de la inercia en la que se encuentran. De por sí, ese nuevo personaje, diferente a los de siempre, ya implica una novedad. Así se genera una antítesis entre la monotonía interior y el dinamismo exterior que termina irrumpiendo, rompiendo la rutina y contagiando a los presentes de actividad. Es allí cuando ese espacio deviene en mundo mágico.

Personajes y espacios

En cuanto al espacio, si bien no hay una ubicación geográfica, tampoco se hace necesaria. A través de los personajes y la puntualización de algunos elementos “un rancho, el monte, una laguna, una isla de ucalitos,” logra crear el ambiente, el que se nos hace reconocible porque se enraíza en nuestra realidad, la del Interior del país.

La descripción de paisajes y los elementos u objetos que crean la escenografía de lo rural -cachimba, totora, caballo, palenque- solo se hacen presentes si  son esenciales para la historia o para crear lo absurdo. El ámbito campero se va formando a través de estas escasas referencias y por la alusión a juegos -truco, bochas, taba-  o comidas -puchero, asado– a la superstición y lo folclórico -la luz mala, fantasma, lobisón.-.

Con respecto a “El resorte”, lo que siempre está presente es el mostrador, pero se describen otros objetos, algunos propios del boliche rural: mesa, sillas, fardos, etc. Es común que cuando un personaje entra al boliche, el narrador describa el lugar desde la mirada del recién llegado, es como si nosotros, lectores, entráramos con él.

Hablamos de un ámbito rural, pero hay que aclarar que Juceca era montevideano y toda su experiencia del campo se resumía a sus estadías, de niño, en la casa de un tío, la que quedaba ubicada en Estación Atlántida. En esas temporadas prestó atención a la realidad de ese medio y fundamentalmente demostró ser un excelente observador del hombre. Supo pintar en sus cuentos al hombre de campo, con su idiosincrasia y costumbres; con su accionar  frente a la realidad que es diferente al hombre urbano; con la parquedad característica del paisano que queda impresa en sus participaciones, así como en el diálogo que se estructura de manera muy simple.

La mujer tiene el perfil de la mujer rural,  e encuentra sometida a un ámbito machista. Su lugar es en la casa y debe obediencia a su marido. Pero aún así las mujeres tiene sus veleidades: son respondonas, charlatanas, mandonas, deciden irse con otro y sus maridos pasan, muchas veces, por alto sus acciones inoportunas, por amor o simplemente porque algo intrascendente, pero más importante para ellos, los distrae y dejan pasar la situación.

Recorren sus cuentos seres que, con su diverso bagaje cultural y bajo el lente del absurdo, remedan y amplían las características de lo humano: la solterona, la viuda, el que tiene un oficio y se destaca en él, el fóbico, el celoso, el solitario, el sonámbulo, el cansado…

Los personajes van a ser el eje de sus historias, el resto importa poco.  Son seres comunes y los muestra en situaciones cotidianas, a las que no es necesario adornar. Interesan en sí mismos, de ellos deviene la importancia de la situación en la que se ven envueltos. Pero no se profundiza en su personalidad.  Están apenas delineados. No hay un  trabajo psicológico ni siquiera existe una

descripción física, desconocemos, en este aspecto, todo lo referente a ellos. Salvador Puig ha dicho que lo caricaturesco, en los cuentos de Don Verídico, se extiende sobre los objetos, animales y  personajes. A estos últimos “se le extirpan seriedad, acidez y afán moralizante.”

La vida del “elenco estable” se desenvuelve en el boliche, fuera de él no existen. El boliche es la Duvija, el tape Olmedo, y todos los habitués.

Esa ausencia de complejidad psicológica, los hace simples. Están libres de cualquier maldad o sospecha sobre lo que dicen. Su curiosidad es sana, no hay malicia, las bromas son diabluras y no convocan al enojo, aunque muchas veces esas bromas superen la lógica. No hay reacciones violentas por parte de estos seres frente a la suerte que les ha deparado el destino y en muchos casos tampoco sorpresa. Cuando el personaje se ve enfrentado a una situación que lo supera, que no entiende, busca las respuestas o consejos en “El resorte”. Se dirige allí con una tranquilidad pasmosa o con la rapidez del que viene huyendo o asustado.

El que entra al boliche puede ser conocido o forastero, en este último caso genera mayor expectativa y misterio. El forastero recibe un trato especial en la obra de Juceca, genera cierta desconfianza. Es un personaje sobre el que se cuestionaba el propio autor, cuestionamiento que pasa a sus personajes, como por ejemplo cuando el Pardo Santiago pregunta absurdamente “¿Cuánto tiempo necesita un crestiano para dejar de ser forastero, cosa de perderle el rispeto?”

Los protagonistas de los cuentos de Juceca son seres con sentimientos.  Estos afloran ante situaciones tanto absurdas como lógicas para el discurrir de  la historia. Dejan traslucir su sentir a través de palabras o gestos, en especial La Duvija por ser mujer.  Pero los hombres no quedan fuera de esta exteriorización. Las emociones pueden ser provocadas por una situación, por una persona o por objetos. Los nombres de los personajes son desopilantes, surrealistas y ya de por sí generan humor. Hay algunos más logrados que otros, en especial aquellos en que el autor juega con las palabras creando el absurdo en el significado final del enunciado. Otras veces el juego de palabras y el humor surge de la descripción de su filiación. “Al que ha visto helicóptero no hay volátil que lo impresione. Pechito Molar: hijo del viejo Molar que nació en La Boca.”

En algunos cuentos los personajes no son personas. Las cosas inanimadas o abstractas como el frío adoptan el protagonismo de la acción. Los personajes jucequeanos son peculiares, pero reconocibles, se insertan en el Interior de nuestro país. Son “Pequeños y extraños seres que construyen sus vidas en un paraje sin nombre, en un pueblo innominado, quizás porque representa a todos los pueblos, o quizás, simplemente, porque son los olvidados. Su único punto de referencia es el boliche “El resorte”.

La singularidad del mundo narrativo jucequeano está dada por la visión absurda que se proyecta sobre él. Juceca ha captado la esencia del paisano y la muestra desde la perspectiva del humor.

FUENTE: Este texto es un fragmento de la ponencia de Alicia Curbelo “Una aproximación a la obra de Julio César Castro”. Versión completa en: http://www.aplu.org.uy/varios/PONENCIAS.pdf