Por mi culpa, por mi culpa…

El fracaso de los modelos que la sociedad se ha dado no puede evitar tener un chivo expiatorio y cargar las tintas a los educadores es ya un cliché en todas partes del mundo. Se pretende que el educador no solamente enseñe, no solamente fomente valores, no solamente dé herramientas para crecer individual y socialmente, sino que sea desde psicólogo a niñera, y, eso sí: si no cumple eficientemente con toda su gama de roles, enseguida asuma, además, la calidad de CULPABLE.

He aquí un artículo interesante para analizar este tema, escrito por José María García Linares:

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