Vida y antología de César Vallejo

Vida de César Vallejo
(Apuntes del libro de Luis Monguio, “César Vallejo. Vida y Obra”.)

En el norte de la República de Perú, en el Departamento de la Libertad, cuya capital es la ciudad de Trujillo, en los altos valles de uno de los ramales de la cordillera andina, zona norte de lo que los geógrafos peruanos llaman la Sierra, se sitúa la pequeña población de Santiago de Chuco, donde nació César Vallejo. Es un pueblo fundado por españoles en el siglo XVII. A lo largo de los tiempos la región ha sido descripta como de tierra próspera, agradable y vigorizante. Santiago de Chuco se ubica a 3.115 metros sobre el nivel del mar, en un valle de la cordillera andina. Sus viviendas son a menudo extensas pero sobrias. En una de ellas de puertas “ojerosas” Vallejo vivó su infancia.

Su población es mestiza; es un ámbito de fusión biológica, lingüística y cultural indohispánica. Vallejo nació pues, en el Perú mestizo, cholo.
Han existido diversas versiones sobre su fecha de nacimiento, que no pueden fundamentar a veces ni sus amigos cercanos; parece ser que ni su propia mujer lo sabía con exactitud y quizá ni siquiera él mismo. Sin embargo en la iglesia parroquial de Chuco se halló su inscripción de bautimso: 19 de mayo de 1892, con dos meses de edad. Habría nacido el día 16 de marzo ya que esa es la conmemoración de Abraham, su primer nombre e incluso durante su niñez fue la forma en que todos le llamaban. De todos modos no existe certeza sobre esa fecha.
Sus padres eran naturales de Santiago de Chuco: Francisco de Paula Vallejo Benites y María de los Santos Mendoza y Guerreonero. Sus dos abuelos habían sido sacerdotes españoles y sus abuelas indias peruanas.
Abraham César fue el menor de 11 hermanos. La familia pertenecía a la clase media, de cierto viso y respeto, semiburguesa en una provincia principalmente rural, aunque pasó por períodos de necesidad.
Vallejo tuvo que irse de su pueblo para la enseñanza secundaria de la que allí se carecía: estudió en Huamachuco, obteniendo notas superiores.
Su familia pasaba por dificultades económicas así que se puso a trabajar como empleado ayudante de cajero en la Hacienda Azucarera Roma. Más tarde un hermano le enviaría a Lima a estudiar Medicina o Ciencias, pero pronto renunció a esa posibilidad.
Mediante sus empleos tuvo oportunidad de observar la condición del campesino asalariado peruano como es posible que nunca la hubiese percibido en su pequeño pueblito natal, compuesto de propiedades familiares.
Volvió a los estudios y se tituló como Bachiller en Letras. Mientras terminaba esta carrera comenzó a estudiar Derecho. Se costeó sus años de estudio. Trabajaba de maestro, se alojaba en un hotel modesto, usaba ropa vieja y lustrosa.
En 1913 comienza a publicar sus poemas. Hacia 1915 frecuenta los círculos literairos de Trujillo. Sus colegas y amigos le llamaban el Cholo. A diferencia de otro grupo aristocrático y tradicionalista, Vallejo se unió a uno bohemio y revolucionario, que con el tiempo habría de conmover el ambiente no solo de Trujillo, sino nacional.
Comenzaron por querer poner al día la cultura de Trujillo, a la que consideraban atrasada. En 1916 comienzan a publicarse poemas de Vallejo en diarios locales.
El sector conservador fue duro con sus críticas. Llamaron a su creación “adefesio”; versos llenos de “burradas más o menos infectas”, entre otros conceptos.
Tambien tenía, naturalmente, amigos y admiradores que guardaban los recortes de diarios con sus publicaciones. A principios de 1918 sale para Lima. Era un joven de “enjuto, bronceado y enérgico pergeño”, de gran melena lacia, abundante y negrísima, la cara de líneas duras, de piel y ojos oscuros e intenso brillo, nariz grande, dientes blanquísimos, protuberante barbilla, manos grandes y nudosas. Vestía traje oscuro, camisa blanca, y corbata de lazo descuidadamente anudada.
En Lima conocían de él el elogio literario hecho por Parra del Riego y algunas publicaciones de poemas y quizá algunos conocerían también las críticas recibidas, aunque es poco probable que tanto buenas como malas referencias recordaran numerosas personas en la capital.
De todos modos, a poco de haber llegado, un artículo elogioso de Abraham Valdelomar saludó “el nacimiento de un gran poeta”.
A fines del año de su llegada a Lima, sin más pie que el lugar y fecha, sin indicación de editor ni de imprenta, se publica “Los heraldos negros”, un libro que “desconcertó la crítica oficial”, fue recibido con frialdad e indiferencia, cayendo en el vacío y el desprecio. Apenas fue comprendido recónditamente por algunos amigos.
En ese mismo primer año de residencia se enfrenta al dolor de perder a su madre sin poder acompañarla en la enfermedad ni asistir al sepelio, probablemente por sus obligaciones como maestro (la distancia imponía un viaje de varios días).
También estudiaba Filosofía y Letras en la Universidad Mayor de San Marcos de Lima. Vivía casi sin amigos. “Paseaba (por la universidad) aislado su perfil demoníaco, y a la vez, extrañamente tierno”.
En 1920 pierde su empleo de maestro y decide ir a París, ideal de casi todos los intelectuales de su tiempo.
Pero antes de partir quiso visitar la tumba de su madre y también a un hermano en Huamachuco. Llegó a Santiago de Chuco en julio de 1920, día de las fiestas patronales. En los meses anteriores una serie de incidentes entre dos facciones que rivalizaban por el predominio político local habían agitado el lugar. El día de las fiestas patronales, ayudado el ambiente hostil que involucraba a todo el pueblo por el alcohol, deriva en un conflicto entre gendarmes y el subprefecto, se produce una muerte y el incendio de una casa del que se acusa a todo el grupo del bando rival, entre el cual se involucra a César Vallejo y dos de sus hermanos. Empieza un proceso judicial, César Vallejo se esconde dos meses en una pequeña casa de campo de un amigo, pero en un allanamiento, lo detienen. Esto origina una serie de manifestaciones de protesta en Trujillo: estudiantes universitarios, periodistas, intelectuales, el presidente de la Federación de Estudiantes del Perú desde Lima, etcétera. Vallejo estaba en la cárcel en la que “mantúvose en tal dignidad y varonía que impuso respeto a todos”. Sale de allí luego de 113 días. Meses más tarde sería definitivamente absuelto. De todos modos, recursos presentados por los acusadores, llevaron el proceso hasta 1929.
Una vez libre, marcha a Lima. Los meses de persecución, prisión e incertidumbre no han sido estériles para él, sino que le han provocado emociones que son materia para sus poemas.
Este nuevo período de su vida en Lima es de vida bohemia, vagancia, alcohol, acaso drogas e intensa actividad en la impresión y publicación de su obra. Son también días de notoriedad por su poesía y a consecuencia de su proceso.
En 1921 gana el primer premio en un concurso de cuentos, de modo que su “Más allá de la vida y la muerte” se publica en la misma revista en la que antes había sido insultado.
Con el importe del premio edita su segundo libro de poesía: “Trilce”, en 1922. Las reacciones fueron, bien el silencio, o bien la acusación de “pose” entre los jóvenes y de “disparate” entre los viejos.
Pero tiene repercusón en casi todas las ciudades de Perú y luego se notaría la ascendencia de la obra sobre los nuevos escritores. En 1923 publica dos libros en prosa: “Escalas” (relatos) y “Fabla salvaje” (novela corta).
A mediados de 1923 parte a Francia.
En París vivió años de miseria y desvalimiento: Desde la ventana de su cuarto de hotel, durante muchos años, ha contemplado Vallejo París con una encendida voluntad de amor, y todas las mañanas encontrábase con un alba usada, de segunda mano, vivida, revivida, impropia a todas luces para satisfacer su anhelo. Subió y bajó así repetidas veces los escalones todos de la pobreza; fue acumulando cotidianismo civil, sinsabores y adversidades innúmeras, hambres de toda suerte, esa suma de desvalimientos que constituyen el ritual obsesivo de la miseria cuando esta se convierte en el eje de una vida…
En 1925 comienza a desempeñarse como periodista. A fines de ese año va a España. Estaba becado para estudiar por el gobierno español, pero junto con Xavier Abril renunciaron a las cinco mil pesetas anuales que ello implicaba “por no poder soportar el ambiente del gobierno de Primo de Rivera”.
Entre los años 26 y 28 sufre una crisis intelectual y filosófica nacida de la acumulación de sus desdichas peruanas a las hambres de sus sueños parisinos.
Se ha dicho que se identificó con el Aprismo peruano, aunque su vocabulario y actitudes son marxistas leninistas incluyendo la interpretación soviética de esa ideología.
En 1928 viajó a la Unión Soviética.
En enero de 1929 se casa con Georgette, una joven bretona con la que hace numerosos viajes por toda Europa, incluyendo una segunda incursión en la URSS. Luego de sus profundas miserias, parece haber visto en el planteo comunista la destrucción del mundo en que las había padecido, y la instauración, en su lugar, de una esperanza. Se hace militante del Comunismo.
En Madrid se realiza la segunda edición de Trilce, pero esta vez con un prólogo de José Bergamín y un poema salutación de Gerardo Diego.
Su militancia comunista le acarrea nuevas desdichas: es por ese motivo expulsado de Francia, en el año 1930.
Se instala en Madrid en 1931, año de la caída de la monarquía e instalación de la democracia republicana.
Termina y publica la novela “El tungsteno”, en una colección de la Editorial Cenit, llamada “La novela proletaria”.
Publica un libro con sus artículos sobre Rusia, titulado “Rusia en 1931, Reflexiones al pie del Kremlin”.
Escribió un cuento (“Paso Yunque”, inédito) y dos dramas (“Mampar”, luego destruido y “Lock Out”, también inédito: dramas sociales).
En Madrid fue recibido en los círculos intelectuales y trataba entre otros con Alberti, Bergamín, García Lorca, Salinas.
Regresó a París en 1932 o principios del 33. Desde ese tiempo al 36 no se encuentran publicaciones suyas que le puedan haber reportado algún ingreso de consideración y apenas hay una traducción al ucraniano y al ruso de “El tungsteno”. Llevaba una vida difícil y retraída. Envejecido por el hambre, con salud esquiva y dinero escaso. Cuando la miseria le atenazaba en exceso se recluía durante semanas y meses en el lóbrego cuarto de hotel de última categoría comiendo en silencio la media ración de arroz y papas que Georgette preparaba en una lamparilla de petróleo. Siguió siendo militante y creando prolíficamente obras literarias y artículos. Al estallar en España, en julio de 1936,la insurrección, Vallejo vivió intensamente la defensa del pueblo español, causa a la que dedicó el resto de sus energías.
Fue distinguido como representante de Perú en el Bureau Internacional del Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura; fue uno de los fundadores del Comité Iberoamericano para la Defensa de la República española y organizador del boletín de ese comité, llamado “Nuestra España”.
En otoño e invierno de 1937 escribe “Poemas Humanos”, que fue publicado póstumamente. Tras el esfuerzo poético realizado a fines de 1937, un gran agotamiento físico y psíquico lo avasalló. Sus hambres, su vida miserable, sus tensiones políticas, las emociones de la contienda española, le habían deshecho. Su estado físico empeoró. Tenía fiebre constante, hubo de guardar cama. El 13 de marzo tuvo que internarse para no levantarse ya.
No se encontró causa física a su enfermedad. El hambre, la miseria, las torturas de la pobreza, la ansiedad, no son virus que lentes y placas puedan iluminar.
Durante un mes su temperatura osciló entre los 40 y 41 grados. El 14 de abril perdió definitivamente el conocimiento. Comenzó a delirar. A las nueve de la mañana del día siguiente, viernes de Pasión, 15 de abril de 1938, murió. Fue velado en la Casa de la Cultura y enterrado en el cementerio parisino de Montrouge.

Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
Vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

(del libro “Los heraldos negros”)

Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después, del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie en la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?

(del libro “Poemas humanos”)

MASA

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: “No mueras, te amo tanto!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
“No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: “Tanto amor y no poder nada contra la muerte!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: “¡Quédate hermano!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…

(del libro “España, aparta de mí este cáliz”)

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina…

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa…

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona…

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear me da con sus tristeza en la cabeza…

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo…

Comprendiendo que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente…

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito…

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado… Emocionado…

(Pertenciente al libro “Poemas humanos”)

LA CENA MISERABLE

Hasta cuándo estaremos esperando lo que
no se nos debe… Y en qué recodo estiraremos
nuestra pobre rodilla para siempre… Hasta cuándo
la cruz que nos alienta no detendrá sus remos.

Hasta cuándo la Duda nos brindará blasones
por haber padecido…
Ya nos hemos sentado
mucho a la mesa, con la amargura de un niño
que a media noche, llora de hambre, desvelado…

Y cuándo nos veremos con los demás, al borde
de una mañana eterna, desayunados todos.
Hasta cuándo este valle de lágrimas, a donde
yo nunca dije que me trajeran.

De codos
todo bañado en llanto, repito cabizbajo
y vencido; hasta cuándo la cena durará.

Hay alguien que ha bebido mucho, y se burla,
y acerca y aleja de nosotros,como negra cuchara
de amarga esencia humana, la tumba…
Y menos sabe
ese oscuro hasta cuándo la cena durará!

(Perteneciente al libro “Los heraldos negros”)

ALTURA Y PELOS
¿Quién no tiene su vestido azul?
¿Quién no almuerza y no toma el tranvía,
con su cigarrillo contratado y su dolor de bolsillo?
¡Yo que tan sólo he nacido!
¡Yo que tan sólo he nacido!

¿Quién no escribe una carta?
¿Quién no habla de un asunto muy importante,
muriendo de costumbre y llorando de oído?
¡Yo que solamente he nacido!
¡Yo que solamente he nacido!

¿Quién no se llama Carlos o cualquier otra cosa?
¿Quién al gato no dice gato gato?
¡Ay, yo que sólo he nacido solamente!
¡Ay, yo que sólo he nacido solamente!

(Perteneciente al libro “Poemas humanos”)

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